viernes 8 de enero de 2010

Hielo y fuego

El mundo acabará, dicen, presa del fuego;
otros afirman que vencerá el hielo.
Por lo que yo sé acerca del deseo,
doy la razón a los que hablan de fuego.
Mas si el mundo tuviera que sucumbir dos veces,
pienso que sé bastante sobre el odio
para afirmar que la ruina sería
quizás tan grande,
y bastaría.

Robert Frost


Some say the world will end in fire,
Some say in ice.
From what I've tasted of desire
I hold with those who favor fire.
But if it had to perish twice,
I think I know enough of hate
To say that for destruction ice
Is also great
And would suffice.

jueves 31 de diciembre de 2009

Final del año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges.

jueves 5 de noviembre de 2009

Farsa teatral

Acto VI

(Wagner pasa volando en una escoba a 400.000 k.m. por hora y escribe de un tiro La Valkiria, ópera de contenido nacionalista subyacente. Lloyd Weber es el encargado de montar el espectáculo. L.B elige a una cantante venida a menos para el papel de Brunilda).

Brunilda. (Canta) —

Yo albergo
los más sagrados frutos:
la pena, la muerte, el dolor.
Alumbraré
lo que asustada cobijo:
Disuasorios terrores.
Conozco el miedo
y la verdad:

Nadie conserva
la espada de Siegmund,
nadie la ha forjado.
No existe el este,
no existe el bosque.
Fafner nunca,
nunca, nunca, nunca
llevó a ningún lugar
el tesoro de los nibelungos.

(Brunilda se suicida)


María Callas. —De haberme dado el papel nada de esto hubiera sucedido.
Lloyd Weber. —Usted no era lo suficientemente venida ni lo suficientemente a menos. Entienda, al público le agrada la miseria.
María Callas. —Ellos se lo pierden.

(Callas huye a otra galaxia con Aristóteles Onassis en un yate de casco agrietado. Hiroshima es bombardeada. Dios bosteza y se pone a jugar a los dados con el universo. Se suicida. Einstein formula su famosa teoría. Mozart clama por atención. Oscurece.)


(Se ilumina el escenario)

Nietzsche. —Dios ha muerto.
Hegel. —¡Criminal! ¡Me ha plagiado! Llamaré a mi abogado.
Jimmy Carter. —Caballeros, creo que podemos llegar a una solución amigable, ¿les gustaría acompañarme a Camp David?
Hegel. —¿Iremos en avión? Nunca me he montado en uno.
Jimmy Carter. — En el Air Force One, con asientos reclinables y bocadillos de caviar de importación.
Nietzsche. —Oh, las maravillas del progreso.
Mozart. (impetuosamente) —¡Exijo me presten atención! ¡No me ignoren! ¡Soy un niño prodigio!

(Nietzsche apuñala a Mozart. Jimmy Carter y Hegel hacen lo mismo)

Mozart. —¿También tu, Bruto?
Bruto. —Ellos empezaron.
Nietzsche. —Según la biblia todo comenzó con la creación...

(Una turba enardecidad irrumpe en el lugar)

Turba enardecida. —¡Queremos que se nos dé una explicación! ¿Por que mataron a Mozart? ¡Que se nos explique!
Jimmy Carter. —¡Amigos, romanos, compatriotas americanos, prestadme atención! Oídme defender nuestra causa y guardad silencio: El corazón tiene razones que la razón desconoce y la razón tiene razones que el corazón finge desconocer por terquedad o por desquite. Vosotros sois seres irracionales, en consecuencia nunca llegaréis a entender las razones del corazón que la razón desconoce ni las razones de la razón que el corazón finge desconocer. Por tanto, puesto que no entendéis las razones del corazón y las razones de la razón, que a su vez se desconocen reciprocamente, tampoco entendéreis las razones que nos impulsaron a matar a Mozart. Regresad a casa, dormid y consentiros con el sueño erótico que os agrade.
Sócrates.— Es una explicación absurda.
Turba enardecida. —¡A por Jimmy!
Jimmy Carter. —Toleradme, mi corazón esta ahí, en esa fosa común, con Mozart, y he de detenerme hasta que torne a mí... o hasta las próximas elecciones.
Turba enardecida. —¡Que se nos explique!
Nietzsche. (con aire de catedrático de Harvard) —Mozart reunía la insoportable condición de niño prodigio, músico aclamado y austríaco. Su asesinato era inminente.
Hegel. —También era masón.
Papisa Juana. —¿Lo excomulgo?
Hegel. —¿Después de muerto?
Papisa Juana. —Claro, excomunión post mortem. El catolicismo está a la vanguardia.
Jimmy Carter. —Proceda.

(Los bigotes de Salvador Dalí adquieren rigidez erótica mientras observa como la turba enardecida secuestra y arrastra por las calles a la Papisa Juana antes de que esta consumara la excomunión. Einstein gana el premio nobel. Katherine Hepburn intenta lobotomizar a Elizabeth Taylor con la ayuda de Montgomery Clift, pero este se arrepiente en el minuto previo al big bang. Sócrates está al borde de la desintegración neuronal. La turba enardecida planea tomar La Bastilla)

Sócrates.—No lo soporto más. Reniego de su raza. No quise nacer entre ustedes.
Jimmy Carter. —Nacionalizamos la negación, la queja y la angustia existencial. Usted ha despilfarrado las tres. A la cárcel.
Sócrates. —Me resigno.
Jimmy Carter. —Cállese.
Katherine Hepburn. —A los occidentales nos sobra racionalismo.
Hegel. —Nos falta.
Nietzsche. (durante un acceso de demencia sifilítica) —Toto, me parece que ya no estamos en Kansas.
Jimmy Carter. —No importa, todos los caminos conducen a Baltimore.

(Jimmy Carter suspende las garantías constitucionales para controlar a la turba enardecida, ordena ejecutar a 600 sans culottes y condena a Sócrates a beber la cicuta)

Sócrates. —Critón, le debemos un gallo a Asclepio, pagad la deuda, no lo olvidéis.

TELÓN

domingo 18 de octubre de 2009

Lo demás no importa.

No resista la tentación de vagar errante por los cementerios. Si quiere ser escritor estudie El Capital. Las teorías marxistas lo conducirán a la pobreza. La pobreza al hambre. El hambre a la melancolía y la melancolía a escribir. Si le ofrecen firmar un pacto con la realidad rechácelo con una nota o con una sinfonía. Beba con fruición cócteles de éter, morfina y coco. Lea gran parte de la noche y en invierno viaje al sur. Disfrute el relente nocturno. Emociónese con la apoteosis final de la 9na de Beethoven o sumérjase en letargo con los preludios de Chopin. Todo con carácter imperativo. Lo demás no importa.