jueves, 31 de diciembre de 2009

Final del año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Farsa teatral

Acto VI

(Wagner pasa volando en una escoba a 400.000 k.m. por hora y escribe de un tiro La Valkiria, ópera de contenido nacionalista subyacente. Lloyd Weber es el encargado de montar el espectáculo. L.B elige a una cantante venida a menos para el papel de Brunilda).

Brunilda. (Canta) —

Yo albergo
los más sagrados frutos:
la pena, la muerte, el dolor.
Alumbraré
lo que asustada cobijo:
Disuasorios terrores.
Conozco el miedo
y la verdad:

Nadie conserva
la espada de Siegmund,
nadie la ha forjado.
No existe el este,
no existe el bosque.
Fafner nunca,
nunca, nunca, nunca
llevó a ningún lugar
el no tesoro de los nibelungos.

(Brunilda se suicida)


María Callas. —De haberme dado el papel nada de esto hubiera sucedido.
Lloyd Weber. —Usted no era lo suficientemente venida ni lo suficientemente a menos. Entienda, al público le agrada la miseria.
María Callas. —Ellos se lo pierden.

(Callas huye a otra galaxia con Aristóteles Onassis en un yate de casco agrietado. Hiroshima es bombardeada. Dios bosteza y se pone a jugar a los dados con el universo. Se suicida. Einstein formula su famosa teoría. Mozart clama por atención. Oscurece.)


(Se ilumina el escenario)

Nietzsche. —Dios ha muerto.
Hegel. —¡Criminal! ¡Me ha plagiado! Llamaré a mi abogado.
Jimmy Carter. —Caballeros, creo que podemos llegar a una solución amigable, ¿les gustaría acompañarme a Camp David?
Hegel. —¿Iremos en avión? Nunca me he montado en uno.
Jimmy Carter. — En el Air Force One, con asientos reclinables y bocadillos de caviar de importación.
Nietzsche. —Oh, las maravillas del progreso.
Mozart. (impetuosamente) —¡Exijo me presten atención! ¡No me ignoren! ¡Soy un niño prodigio!

(Nietzsche apuñala a Mozart. Jimmy Carter y Hegel hacen lo mismo)

Mozart. —¿También tu, Bruto?
Bruto. —Ellos empezaron.
Nietzsche. —Según la biblia todo comenzó con la creación...

(Una turba enardecidad irrumpe en el lugar)

Turba enardecida. —¡Queremos que se nos dé una explicación! ¿Por que mataron a Mozart? ¡Que se nos explique!
Jimmy Carter. —¡Amigos, romanos, compatriotas americanos, prestadme atención! Oídme defender nuestra causa y guardad silencio: El corazón tiene razones que la razón desconoce y la razón tiene razones que el corazón finge desconocer por terquedad o por desquite. Vosotros sois seres irracionales, en consecuencia nunca llegaréis a entender las razones del corazón que la razón desconoce ni las razones de la razón que el corazón finge desconocer. Por tanto, puesto que no entendéis las razones del corazón y las razones de la razón, que a su vez se desconocen reciprocamente, tampoco entendéreis las razones que nos impulsaron a matar a Mozart. Regresad a casa, dormid y consentiros con el sueño erótico que os agrade.
Sócrates.— Es una explicación absurda.
Turba enardecida. —¡A por Jimmy!
Jimmy Carter. —Toleradme, mi corazón esta ahí, en esa fosa común, con Mozart, y he de detenerme hasta que torne a mí... o hasta las próximas elecciones.
Turba enardecida. —¡Que se nos explique!
Nietzsche. (con aire de catedrático de Harvard) —Mozart reunía la insoportable condición de niño prodigio, músico aclamado y austríaco. Su asesinato era inminente.
Hegel. —También era masón.
Papisa Juana. —¿Lo excomulgo?
Hegel. —¿Después de muerto?
Papisa Juana. —Claro, excomunión post mortem. El catolicismo está a la vanguardia.
Jimmy Carter. —Proceda.

(Los bigotes de Salvador Dalí adquieren rigidez erótica mientras observa como la turba enardecida secuestra y arrastra por las calles a la Papisa Juana antes de que esta consumara la excomunión. Einstein gana el premio nobel. Katherine Hepburn intenta lobotomizar a Elizabeth Taylor con la ayuda de Montgomery Clift, pero este se arrepiente en el minuto previo al big bang. Sócrates está al borde de la desintegración neuronal. La turba enardecida planea tomar La Bastilla)

Sócrates.—No lo soporto más. Reniego de su raza. No quise nacer entre ustedes.
Jimmy Carter. —La negación, la queja y la angustia existencial ahora son propiedades del estado. A la cárcel.
Sócrates. —Me resigno.
Jimmy Carter. —Cállese.
Katherine Hepburn. —A los occidentales nos sobra racionalismo.
Hegel. —Nos falta.
Nietzsche. (durante un acceso de demencia sifilítica) —Toto, me parece que ya no estamos en Kansas.
Jimmy Carter. —No importa, todos los caminos conducen a Baltimore.

(Jimmy Carter suspende las garantías constitucionales para controlar a la turba enardecida, ordena ejecutar a 600 sans culottes y condena a Sócrates a beber la cicuta)

Sócrates. —Critón, le debemos un gallo a Asclepio, pagad la deuda, no lo olvidéis.

TELÓN

domingo, 18 de octubre de 2009

Lo demás no importa.

No resista la tentación de vagar errante por los cementerios. Si quiere ser escritor estudie El Capital. Las teorías marxistas lo conducirán a la pobreza. La pobreza al hambre. El hambre a la melancolía y la melancolía a escribir. Si le ofrecen firmar un pacto con la realidad rechácelo con una nota o con una sinfonía. Beba con fruición cócteles de éter, morfina y coco. Lea gran parte de la noche y en invierno viaje al sur. Disfrute el relente nocturno. Emociónese con la apoteosis final de la 9na de Beethoven o sumérjase en letargo con los preludios de Chopin. Todo con carácter imperativo. Lo demás no importa.

sábado, 10 de octubre de 2009

Consejos paternos. Una muerte digna.

Consejos paternos.

—Desconfía, cásate, ten varios hijos y una amante que te proporcione un escape de la monotonía y excelente sexo clandestino. Sé feliz o intenta ser feliz o solo finge ser feliz, como hacemos tu madre y yo. Procura ser un buen ciudadano o al menos paga los impuestos, procura ser un buen vecino o al menos paga las cuotas de condominio, procura ser un buen samaritano o al menos aporta unas limosnas (sin comprometer tu salario). Estudia, trabaja, come, bebe, caga, duerme y sueña solo lo necesario. ¡Ah! recuerda levantarte temprano, mañana es domingo e iremos a la iglesia.

El niño parpadeó, apenas tenía cinco años.


Una muerte digna.

Hacer el amor durante tres días de mil años con una mujer blanca, negra o del color de los jacintos. Hacerlo hasta lograr la máxima tensión en el último de los tendones o hasta que todo el cuerpo duela. Olvidar, de a poco, toda la filosofía, toda la poesía, toda la música y las modernas teorías del estado. Olvidar los amores platónicos y el silogismo aristotélico. Olvidar las aspiraciones políticas, las pretensiones intelectuales, las treguas, las guerras, las ideas preconcebidas, el arrepentimiento, la moral burguesa, el marxismo, el fracaso, la realidad y todas las mentiras que nos contó la maestra.

Hacer el amor, tener sexo, lenta, mansamente, furiosamente sobre la tumba de cien antepasados sajones sin sentir remordimiento. Volver al verdadero estado natural del que habló Rousseau. Sentir la afición al infinito que soñó Baudelaire, antes del fin, durante el paroxismo, cuando se nublan los ojos.
Después, cuando el cansancio acabe casi por completo con la voluntad, saltar al Iguazú, donde el agua y el estruendo disuelvan la carne, los huesos, todo el miedo, todo el hastío, toda la ira. Todo en absoluto. Hasta la última molécula de condición humana.
Que el Eros aseste una estocada mortal, ineludible a la civilización. Que gane Marcuse. Que otros más o menos afortunados hereden el mundo.


lunes, 21 de septiembre de 2009

Paseo por la ciudad.

Ropa elegante para ser visto. Diván otomano para la mujer emancipada. Máscaras a mitad de precio, el placer orgásmico de los estetas.
La lluvia empaña la vitrina del mall ultramoderno, borrando lentamente aquellas formas. Las nubes visten a la ciudad para un funeral. En la otra calle un local exhala tristes conversaciones de café.
Escuchemos:
—Yo sigo la rutina de Elliot: Leo gran parte de la noche y en invierno me voy al sur.
—Estamos en el sur.
—Hablo de un sur imaginario.
Ah.
—Nada de "ah". Cada quien procura su felicidad.
—Despides suspiros breves y poco frecuentes, muchacha de los jacintos.
—Es el recuerdo... André ...
—¿Murió?
—Ni siquiera vivió, solo lo he soñado.
Olvídalo. Escapa conmigo.
—No puedo: El mundo no para de girar, el gramófono sigue sonando y los romances de café, de tranvías y trineos están destinados al fracaso.
—Calla, no derrames más sombras sobre la mesa ni irracionalismo sobre mi corazón burgués. Me iré lejos, a Viena, a Londres o a Jerusalén. Pierdo mis huesos, afuera sigue lloviendo...

A una manzana de distancia el estado edifica un rascacielos. Cuando esté terminado será el monumento más grande construido en honor al absoluto inasequible. En un baño público un hombre bebe una mezcla alucinógena y atisba el infinito. Una mujer cierra su paraguas para abordar un taxi. Otra lo abre. El metro, veloz, llega hasta el centro. Allí el espectáculo es distinto. Una manada de indigentes busca refugio en un callejón. Alguien resbala sobre el asfalto húmedo. Bulla, lamentos y otros ruidos. Un poeta delirante blasfema. Gozo y decadencia. El progreso. El rumor del agua que cae. Lejano estrépito de bocinas y motores y algunas risas maliciosas. Volvemos al punto de inicio y, al girar en una esquina, la noche, las luces y la certeza de que nunca regresaremos a casa.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Fiesta.

Del tocadiscos emanaba un jazz antiguo, ambiguo, casi azul, propicio para el baile lento. Cerca de la entrada del salón donde se celebraba la fiesta, en la primera mesa de la izquierda, un grupo de políticos de derecha discutía las nuevas acciones que tomaría el partido gobernante. Decidieron por unanimidad que aumentarían los impuestos, acabarían con ciertas libertades dañinas y destinarían más fondos a actividades de corrupción, cuestión de primera necesidad para el mantenimiento del statu quo. Ante la posibilidad de declararle la guerra a un estado enemigo todos coincidieron en no hacerlo. No por convicción moral, sino por afortunada holgazanería.

A unos pasos de donde se hallaban los políticos, Simón Bolívar y Simone de Beauvoir mantenían una imposible conversación mientras tomaban cócteles de sueños irrealizables. Junto a ellos, Marx y Adam Smith jugaban al Monopoly. Marx siempre perdía porque los habitantes imaginarios de las casas y los hoteles seguramente eran burgueses insensibles o proletarios que ignoraban El capital. Inesperadamente, entró a la estancia Ernest Hemingway ebrio y disparando una escopeta, como si cazara a un rinoceronte africano.
—No está cazando —explicó Alfred Hitchcock, mirando hacia la cámara y acabando con la vana ilusión de realidad —Solo lucha con sus fantasmas.
Una de las balas disparadas por Hemingway atravesó el cráneo de un hombre condenado a desempeñar el rol histórico de víctima por toda la eternidad. Fue víctima del hundimiento del Titanic (3era clase, ascensores cerrados), víctima inocente de la 1era guerra, víctima de la recesión del 29, víctima del Holocausto, víctima de la hambruna en África, víctima de la crisis hipotecaria, víctima de esa bala y en el futuro sería víctima de otros desastres.
Luís XVI y María Antonieta —aristocráticos y guillotinados— observaron el cuerpo del hombre-víctima por encima del hombro y por debajo de la solidaridad. Los demás invitados acordaron tácitamente obviar el cádaver, olvidar el incidente y sobornar a Miss Marple para que inculpara al mayordomo y no a Hemingway, demasiado importante para ir a la cárcel.

La fiesta marchaba bien. Tenía un tono deliciosamente caótico y decadente que alegraba a todos. En el centro del salón, la prostituta con mensaje filosófico positivo, la detective de pasado oscuro y la descendiente de Jesús bailaban con Coelho, Katzenbach y Brown, respectivamente. Entre cada canción se hacían cariños y por cada cariño se le escapaba a Truman Capote una frase cargada de envidia y afectación, como «en esta fiesta entra cualquiera» o «que horrible espectáculo» y la muy reveladora «a pesar de ser una mierda, venden más que yo».
El alcohol desgarraba de a poco la mesura de la sociedad occidental. Ronald Reagan, Sigmund Freud y Margaret Thatcher salieron por la puerta de atrás e iniciaron una competencia para ver quien orinaba más lejos. Reagan sufría de incontinencia y orinó sus pantalones. El chorro de Freud alcanzó un metro de largo y manchó una edición corregida de Principios de psicología de William James. El de Margaret Thatcher, gracias a su pene de aleación de titanio, llegó a las Malvinas. Los reyes ingleses, que presenciaron la competencia por casualidad, condecoraron a Thatcher con la Orden de la Jarretera.

Mientras tanto, en el baño de damas ocurrió un encuentro extraordinario: La Alicia anoréxica del país desarrollado halló a la Alicia caquéctica del país subdesarrollado y esta le presentó a la Alicia utópica del país de las maravillas. Se enemistaron rápidamente y juraron enfrentarse durante el apocalipsis.

El alcohol revelaba de a poco los sentimientos de la sociedad occidental y facilitaba la expiación de sus pecados. En un pasillo, Hitler sollozaba bajo la mirada algo comprensiva, algo diabólica de la Madre Teresa.
—No fue mi culpa —le dijo— sino de Wagner, que lo aboca a uno a la carnicería.

El hombre que había fungido como anfitrión de la fiesta despertó súbitamente y descubrió que la realidad verdadera era peor que la realidad que había soñado. El anfitrión despertó súbitamente y descubrió que tuvo un sueño dentro de un sueño y que la realidad verdadera era peor que las que había soñado. El anfitrión despertó súbitamente, decubrió que era infeliz y que la realidad verdadera era peor que las otras realidades. El anfitrión despertó súbitamente, descubrió que el divorcio era la solución y que la realidad verdadera era peor que todas las anteriores. El anfitrión despertó súbitamente, descubrió que quería ser niño y que la realidad verdadera era muchísimo peor. El anfitrión despertó súbitamente y descubrió que era niño, que deseaba ser adulto y que la realidad verdadera era exponencialmente peor a todas las realidades soñadas. El anfitrión despertó súbitamente, descubrió que era adulto, revolucionario y que la realidad verdadera era simplemente peor. El anfitrión despertó y descubrió que era reaccionario. El anfitrión despertó y descubrió que era el hombre-víctima. El anfitrión despertó y descubrió que no era el anfitrión. El anfitrión despertó y descubrió que era un anfitrión relativo. El anfitrión despertó y descubrió que el dinosaurio todavía estaba allí. El anfitrión despertó y descubrió que era Rip Van Winkle, que había dormido durante 20 años y que no hubo ninguna fiesta . El anfitrión despertó y descubrió que vivía en un mundo que no podía cambiar, que las angustias metafísicas corroían su existencia y que estaba al borde de la locura. Consultó al psiquiatra y este le recetó un suicidio. El anfitrión no despertó más.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

XX

Eran tardes menos calurosas de juegos de mesa y de Mood Indigo ensoñado.
El abuelo fumaba blues en la ribera del ocaso y una vecina hacía redes para pescar con sus nietos en el Atlántico, llenando nuestros días con música de máquina Singer bien temperada, a modo de fuga de Bach.
Anita Hart dinamitó el tablero de Monopoly llevada por la ira, consecuencia de su inversión en propiedades azules muy caras no favorecidas por el azar.
Eran tardes de aventuras en la azotea.«Si te acercáis a la orilla —me dijo— podéis ver una grietecita en la estructura de 5 cm. o de 10 cm. o de 15 cm., no estoy muy segura. El conserje me contó que llega hasta el subsuelo y hace llorar al edificio».

Papá y mamá nos daban sabios consejos y prodigaban afirmaciones gratuitas: En momentos de tribulación —decían— debes leer a Camus y pensar seriamente en el suicidio.

eran tardes con olor a siglo XX
cuna de sueños realizables
idealizado por la memoria

De repente, todas nuestras angustias fueron a parar a la televisión. La divorciada encontró telenovelas y el inseguro encontró pornografía. En los Jardines Kensington alguien dejó caer un tomo de Lewis Carroll. El abuelo soltó su cigarrillo y este soltó las últimas notas de un blues muy oscuro, perdido ya para siempre.

«Si te acercáis al abismo —me dijo Ana— podéis ver una grieta gigantesca que conduce al siglo XXI y te hace estremecer de miedo»

viernes, 21 de agosto de 2009

Desvaríos y divagaciones.

1. Praga.

Praga es una ciudad de payasos y prostitutas. Tan poblada de ambas cosas como el Vaticano lo está de locos. Andrés lo ha dicho y es cierto. Él nunca miente.
Andrés vivió en Praga, la conoce bien. Sabe que sus calles están llenas de payasos y prostitutas. Los primeros planean derribar las casas y los castillos y construir carpas de circo. Para hacerlo deben tener mayoría en el congreso, pero no la tienen y es imposible que en Praga una prostituta cambie de partido. El Partido Popular de las Prostitutas de Praga y el Partido Popular de los Payasos de Praga, increíblemente, tenían las mismas siglas: PPPP, lo que generó una terrible confusión y una batalla feroz entre ambos bandos. Como las prostitutas de Praga tenían la mayoría en el congreso se quedaron con el PPPP.
Andrés me contó que las prostitutas de Praga son hermosas y pervertidas y que conocen las artes amatorias mejor que las otras prostitutas de Europa y demás continentes. Eso contribuye a su popularidad. Ellas entienden las necesidades del pueblo de Praga y saben que allí el orgasmo priva sobre la risa.
La Ciudad del Vaticano, a su vez, está llena de locos. Le pregunté a Andrés cómo puede mantenerse en pie una ciudad repleta de locos, cómo sobrevive una ciudad gobernada por insanos.
Me contestó que él casi no habla de política, pero que seguramente el Vaticano, la ciudad llena de locos, sea un gran manicomio.

2. Charla de Catedráticos.

—Predecir el futuro es una labor ardua, como lo es amar sin ser amado, caminar cansado o leer a Tolstói a media noche.
—La noche no fue hecha para leer a Tolstói—Intervino el catedrático Reus—, tampoco la luna o el chocolate.
—El día, en cambio, ama a Tolstói. Es como si Dios en su infinita sabiduría hubiera creado el sol y la mañana para Tolstói y para los que leen sus obras.
—Tolstói, en ese caso, vendría a ser su hijo predilecto; su niño consentido, un bebito malcriado al que se la dado el sol, el rocío, la brisa matutina, la mañana entera.
Todo.
—Siento envidia —dijo un catedrático.
—Siente envidia —dijo un catedrático acusón
—Sentimos envidia —dijeron todos los catedráticos con sinceridad.
— No cabe duda: Predecir el futuro es una labor ardua, como lo es amar sin ser amado, caminar cansado o leer a Tolstói.

3. Última clase de la maestra La Fayette de 5to grado.

Investiguen la diferencia entre lo posible y lo probable, estudien todo lo referente al pasado y al presente, analicen todas las posibilidades que les depara el futuro incierto y hagan un ensayo con una extensión no menor de cuatrocientas cincuenta mil páginas cúbicas o de 98 kg., ni un metro más ni un litro menos.
Cuando mañana llegue será hoy y luego ayer. Cuando mañana llegue y sea hoy y luego ayer, probablemente mueran, por eso necesito que entreguen el ensayo rápido. Quizás ustedes hayan muerto ayer, que es una maravillosa consecuencia de mañana y de hoy. Si es así, hagan caso omiso y disfruten las vacaciones: Nada de esto importa.


4. De 2006 recuerdo ...
de dos mil seis recuerdo
dedosmilseisrecuerdo
una fiesta

donde aquélla muchacha
(Vanessa)

me dijo susurrando

al oído
«Si»

miércoles, 19 de agosto de 2009

Foxtrot (penúltima ensoñación)

Mi madre dictaba las últimas indicaciones de la tarde. Mi padre asentía. Hijo mío —dijo ella— péinate y cámbiate que iremos al club.
—No olvides el foxtrot —agregó mi padre— Que aprenda a bailar el foxtrot.
—Que aprenda y aprehenda: El foxtrot es arte, ciencia y técnica.
—¡Cuanta razón tienes! El foxtrot es eso y mucho más.
—Sé que tengo razón —dijo mi madre con cierta prepotencia— El foxtrot es eso y, además, es un estilo de vida, una filosofía. La joya mejor guardada de la transculturización.
—Transculturización... se nota que has leído el diccionario, querida.
—Solo la sección de la letra T que, según Espasa, representa fonéticamente un sonido de articulación dental, oclusiva y sorda.
— Hermosa letra la T.
—Hermosísima y llena de complejidades. Al estudiarla me dí cuenta que entre tabernáculo y transexual existe, además de una interesante brecha lingüística, una brecha moral que separará por siempre al judeocristianismo de los degenerados, que de la troika a la turbohélice hay una increíble revolución científica, del tango al twist hay todo un idioma y varios países de distancia...
— ¿sabes una cosa, querida? —interrumpió mi padre antes de que mi madre diferenciara el tráfico transiberiano del transpirenaico— Desde el principio esta conversación me pareció algo absurda. Creo que nuestro hijo se burla de nosotros.
— Si, se burla descaradamente. Nos hace parecer prejuiciosos, tontos e inútiles eruditos de la letra T. Por otra parte, esta ensoñación presenta algunas inconsistencias con respecto a la anterior. Nuestro hijo, en definitiva, merece un castigo.
— No nos acompañará al club. Ese es el castigo.
— Exacto, que no nos acompañe. De todas formas, el foxtrot, que es arte, ciencia y técnica, no se aprende de un día para otro.

viernes, 31 de julio de 2009

Ensoñación de la infancia y de la juventud.

Mi infancia transcurrió entre Estados Unidos y Andorra La Vieja. Entre el salvaje capitalismo neoliberal y la ignominia del olvido. Mi niñez temprana y dependiente tuvo cobijo en el seno de un hogar contradictorio: Mi madre era ambiciosa, gustaba de la ironía y el sarcasmo y, en ocasiones, era muy sentimental. Tan sentimental que si llovía, lloraba. Si llovía fuerte, lloraba con fuerza y si la lluvia mojaba la ropa tendida de algún vecino, lloraba y blasfemaba. Mi padre, a su vez, era un hombre conservador, retraído y estudioso de la ética platónica. Los quise y aún recuerdo sus conversaciones. «Querido —decía mi madre— deberíamos comprar un piso en East California. Es una zona fina, con prestigio.» Y él contestaba: «Si ganara más, mientras tanto solo podemos alquilar» Yo les pregunté por qué querían mudarse a East California y ambos dijeron al unísono: «Hijo mío, porque somos estetas y vivimos de la máscara» Como tenían eso en común, su matrimonio fue relativamente feliz, al igual que todos los matrimonios relativamente felices de la cultura occidental (en blanco y negro) de esa época.

Crecí y alcancé la adolescencia. Recuerdo que una noche, mientras me disponía a tomar el metro, ví a una mujer rubia muy atractiva. Ella mostraba las piernas sensualmente encima de un respiradero. Me la comí con la vista. Sentí envidia del respiradero y del aire que tocaba sus muslos. Por culpa de un impulso adolescente le confesé mis deseos. Ella me dijo, con descaro, que solo amaba a presidentes o a candidatos presidenciales y que solo a ellos se entregaba. Decepcionado, juré nunca más utilizar el metro y me dediqué, como todo adolescente correcto al estudio, primer cimiento del gran edificio de las ambiciones futuras. También quise acabar con la vida de Kennedy, pero alguien se adelantó.
Por obra y gracia del destino o de la casualidad conocí a Vanessa. Con Vanessa me entregué a la disipación. Ella parecía creada para eso. Y como la hora fue propicia tuvimos sexo, maliciosa e irresponsablemente, de pie y sobre la cama de sus padres. Escuchamos música que nos pareció excitante y alegre porque estábamos alegres y excitados. Probamos, infantil e irresponsablemente, el cigarrillo y la marihuana. Fuimos felices y sentimos la afición al infinito de la que habló Baudelaire. Pero ella iba, sin darse cuenta, del punto A al punto B y yo realizaba el recorrido inverso. Por obra y gracia de la casualidad nos encontramos a la mitad y la afición fue efímera y el infinito, finito.

De aquí en adelante esto tomará una velocidad vertiginosa porque es tarde y quiero terminar.

Fui a la guerra, disparé, maté y perdí la humanidad que me quedaba. Ahora que tengo más edad me dedico a la nostalgia, el deporte predilecto de los caballeros.

lunes, 20 de julio de 2009

Crónica de la muerte de Dios.


Alrededor del año 1600, Galileo, apoyado en Copérnico, demostró que Dios no era necesario para mover los astros. Más tarde, durante el 1700, Kant lo expulsaría del conocimiento, luego Hobbes del derecho y Darwin, con El Origen de las especies, de la naturaleza. Se comprobó, pues, que nadie había comido el fruto prohibido, que no hubo pecado original ni expulsión del Edén. Se comprobó que Dios nunca había sido o que había muerto. Nietzsche, infatuado, lo proclamó oficialmente. La noticia del deicidio se regó como pólvora, apareció en todos los diarios y en la portada de la revista Time. Sin embargo, Hegel se le adelantó a Nietzsche . Ese dato histórico irrefutable sumiría a Nietzsche en una profunda depresión que con el tiempo degeneraría en locura y causaría su muerte. Quizás fue eso, aunque también pude ser la sífilis o la neumonía. De cualquier forma, el hombre se creó a sí mismo y creó para sí (disculpen la cacofonía) el mejor paraíso que la ciencia y la técnica pudieran ofrecer, olvidó la felicidad futura y eterna y se contentó con la felicidad breve y terrenal del presente. El hombre mató a Dios, sin imaginar que a raíz de ese acto quedaría eternamente huérfano.


And Yet, and yet...

"Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino no es espantoso por irreal: Es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges"






domingo, 12 de julio de 2009

Catálogo limitado de cosas infinitas.

Los números.
Las posibles combinaciones de letras, palabras, comas y puntos en los libros que fueron, que son y que serán.
Las insignificancias.
Los significados y significantes.
El tiempo, que no es infinito sino eterno y que eternamente será un misterio.
La inabarcable biblioteca de Borges.
Las interpretaciones e implicaciones de un gesto o una mirada.
La fe de los niños mientras son niños.
La ignorancia.
Los signos y los símbolos.
La voluntad de creer y los escrúpulos de la razón.
Las imprevistas consecuencias de nuestros actos.
Las imprevistas consecuencias de un pensamiento.
Los vicios.
El hotel de Hilbert y sus habitaciones circulares.
El amor de una madre hacia sus hijos.
La irrelevancia de la fama.
La irrelevancia del fracaso.
La preocupación por la fama y el fracaso.
La oscilación de un péndulo de Foucault fabricado por un belga que continuará aún después de la muerte del belga y de los belgas y de la destrucción inevitable de Bélgica y de la ineludible decadencia de la humanidad y de la tierra y de la expansión irremediable del universo, porque es la voluntad de Dios.
La verdad.
La mentira, que existirá mientras exista la verdad.
El anhelo de amistad, de amor y de placer.
La necesidad y el deber de la esperanza.
La inutilidad de este escrito.

sábado, 11 de julio de 2009

Breve historia de la humanidad.

«Nacieron, sufrieron y murieron»

Anatole France(1844-1924)

lunes, 29 de junio de 2009

1998.

Todo era distinto. Había alegría y hacía menos calor en la ciudad.
Mi abuelo, que siempre vestía guayabera y sombrero, me llevó a una pelea de gallos, donde personas eufóricas vociferaban alrededor de una confusión de espuelas y de sangre.
Oscar, mi hermano, forraba las paredes de nuestro cuarto con posters de sus ídolos: Michael Jordan y los Chicago Bulls.
Rafael Caldera alcanzó la decrepitud gobernando al país. Un año más tarde la Cuarta República daría paso a la Quinta, que traería consigo algunos sueños renovados, los mismos vicios y la misma carencia de virtudes.
Anhelaba que mi madre llegase del trabajo porque siempre me obsequiaba un par de chocolates cuya envoltura abría con mucho cuidado, procurando no romper las barajitas de animales que traían dentro.
Leía mi primer libro: Casas Muertas, de Miguel Otero Silva. Recuerdo que al final, Rupert, el trinitario, canturreaba una canción:
Sofia, went to Maracaibo.
¡Bye, bye, Sofia!

martes, 23 de junio de 2009

Femina fugit.

Entonces me aferro a ella, porque soy de los que creen que la mujer, como el tiempo y la felicidad, es fugitiva e inabarcable.

Entonces la beso de nuevo y la miro y la muerdo y trato de guardar su olor en mi memoria, por siempre.

Entonces me asaltan dos temores: Uno razonable -el de que se vaya- y otro irrazonable -que se desvanezca-.

domingo, 21 de junio de 2009

Viernes.

Este viernes que pasó, al igual que todos los viernes precedentes del 2009, llegué tarde a la clase de derecho procesal civil. Entré al salón y cerré la puerta despacito, tratando de hacer el menor ruido posible. Fue inútil. Una chica que se hallaba cerca soltó una risita irónica, una especie de "ji, ji, ji" mal disimulado que llamó la atención de la profesora hacia donde yo estaba y que provocó que me lanzara una mirada de reproche. Bajé inconscientemente la cabeza y empecé a buscar un lugar donde sentarme. Vi uno al otro lado del aula y para alcanzarlo tuve que pasar frente a la triste luz blanca proyectada por el vídeo beam, que estaba siendo utilizado por un grupo de conocidos que realizaban una exposición. Mi sombra se proyectó en la pared ocultando por instantes cuatro párrafos que hablaban acerca de los principios probatorios. Dos horas después salí corriendo a comerme algo ya que tenía un hambre insoportable.

Llegué al cafetín y desayuné con Silvia, David y Patricia. Un poco más tarde llegó Carmen contándonos acerca de lo mal que le caía un muchacho llamado Ernesto, que al parecer es el sujeto más infame de toda la escuela de derecho. David añadió que Ernesto es un desgraciado y que su hermana es la chica más fea e infundadamente engreída de la universidad. Me pareció muy cómico lo que dijo, sobre todo cuando noté que Ernesto estaba sentado detrás de nosotros y que seguramente había escuchado lo que habían dicho sobre él.
La conversación continuó y alguien tocó el tema político, tan delicado en el país en estos momentos. Patricia, que antepone a Dios siempre, también lo hizo para expresar su opinión: «¡Dios mío! —decía— ¿a dónde irá a parar este país?». Y como nadie le prestaba atención volvía a exclamar "¡Dios mío!" y realizaba la misma pregunta, hasta que se resignó y dijo, con notable acento marabino, «no sé pa' que pregunto, si ya todo está jodido».
Eventualmente, se fueron todos y solo quedamos Silvia y yo. Silvia me reveló su sueño de viajar a Francia y de como trabajaba para conseguirlo. Me contó que le había dicho a su padre y que él se había negado a pagarle el viaje, argumentando que ella necesitaba más un carro para ir a la universidad. Ella refutó diciéndole que primero prefería andar a pie y desnuda por los Campos Elíseos. Finalmente, me preguntó si creía en el destino. Le contesté que a veces. Tras una breve pausa, agregué que yo no sabía en lo que creía. «Yo tampoco» terminó diciendo ella.

jueves, 18 de junio de 2009

Eterno retorno.

Una octavilla es la mitad de una cuartilla. Una cuartilla es la cuarta parte de un pliego, el pliego equivale a dos folios y sobre folios están escritas las enciclopedias.
Una enciclopedia particular está en una particular biblioteca, de donde es tomada -no sin dificultad- por la fina y pálida mano de un niño particularmente enfermo, que lee en esta tres palabras: Ablución, alquimia y América, en una sucesión que cree mágica y que lo dejará marcado para siempre.
El niño muere y su cuerpo es enterrado en un lugar cualquiera. En un lugar cualquiera cae una semilla de eucalipto que es nutrida, en parte, por los restos del niño. El eucalipto crece y es cortado. De la madera se hace el papel y sobre el papel una pluma enérgica escribe una fórmula matemática que tiempo después se materializará en una bomba, que tiempo después caerá en una ciudad del lejano oriente matando a cientos de personas. Personas que a su vez abonarán con su podredumbre nuevos árboles de los cuales se harán octavillas, cuartillas, pliegos y folios y sobre los cuales plumas enérgicas escribirán fórmulas matemáticas, garabatos y hasta cartas de amor, en el mejor de los casos.
El niño, sin saberlo, y por caprichos del destino o de la casualidad, impulsó el desatinado progreso humano. Hubiera preferido abonar los grandes rosales del día o las tristes azucenas letales de la noche.

miércoles, 17 de junio de 2009

Solo Ellis, que amaba las complejidades...


La conocí hace tres años, más o menos, cuando ambos empezábamos a estudiar leyes. Ella se sentaba en el extremo opuesto de donde yo estaba. Simplemente hermosa, sencilla, misteriosa. Intrigante. Siempre tuve el deseo se besarla. Hace dos días lo hice por primera vez. Ella estaba en mi casa realizando un informe sobre derecho administrativo. Lo hizo mientras yo me quedaba mirándola discretamente, como por accidente. Me dijo que se iba. Le pedí que se quedara un rato más y se quedó un rato más. Luego, dijo de nuevo que se iba, que ya era tarde. La acompañé hasta la puerta. Sabía cual era la llave que abría la puerta, pero fingía no saberlo. Probaba una por una, lentamente, dejando la correcta para el final. De pronto, antes de llegar a la última llave me levanté, tomé su mano y le dije que me acompañara. Caminamos rápidamente hasta mi cuarto, pasé mi mano por detrás de su cuello y la besé.
Yo no pensaba con claridad y ella solo se dejó llevar, creo. Cuando nos acercábamos a la cama me dijo susurrando "detente". Yo no lo hice y continué besándola. Ya estando en la cama me pidió otra vez que me detuviera, con un tono que no había escuchado antes. Como si me exigiera y suplicara al mismo tiempo. Yo me detuve, no podía hacer nada más. Ella se levantó, se miró en el espejo, acomodó su cabello y caminó hasta la puerta. Yo la acompañé. Antes de irse me miró de una forma tan profunda, tan intensa que solo Ellis, que amaba las complejidades, podría describir lo que sentí en ese momento.

lunes, 15 de junio de 2009

Un retour imprévu.


Pensé que nunca más volvería a escribir en este lugar. De hecho, había eliminado Afición al infinito por varias razones; falta de tiempo, aburrimiento y el hecho de que las únicas visitas regulares que tenía provenían de una muy agradable mexicana cuyo nombre era Nohemí, me parece y de un venezolano con ideas suicidas que tenía un blog excelente llamado Grosera Filosofía, que para mi pesar ya no existe. Probablemente, tampoco exista ya ese venezolano, considerando su exacerbado interés en las técnicas suicidas orientales.


No sé con exactitud que motivos me han traído de vuelta. Probablemente cierta nostalgía, cierto anhelo de expresarme o la ineludible necesidad de escribir. Escribir sobre todo. Escribir sobre nada. Inventar. No sé... Quizás la vana esperanza de que alguien entre y lea y que le guste lo que lea.


He perdido la práctica y no estoy seguro de como debo escribir este primer post que se supone debe ser interesante y atractivo. Sé que si pierdo tiempo pensando en como debo hacerlo, en el estilo, en la ortografía y todo lo demás, seguramente termine desanimándome y acostándome a dormir.


Tengo una idea. Escribiré sobre mí y mis circunstancias.


Soy venezolano y vivo en una ciudad llamada Maracaibo. Maracaibo es un lugar bastante caluroso que tiene como único patrimonio natural un lago bastante grande y excesivamente contaminado. Sobre el lago está construido un puente que es capaz de avivar en los marabinos los sentimientos más notálgicos y melancólicos que puedan imaginar. Sin embargo, ese puente es arquitectónicamente irrelevante y del lago emana un olor fétido producido por un extraño género de plantas que pulula en sus aguas.


Tengo 20 años (los cumplí ayer, de hecho). Lamento tener 20 años. Me parece una edad tonta. Si. Me gustaría tener 55 o 5. Preferiría ser un viejo con arrugas y cansado de la vida o un niño lleno de esperanzas y carente de preocupaciones. Pero no, tengo 20 años, que es una edad relativamente jodida.

Estudio una carrera que no me gusta y estoy rodeado de un pequeño grupo de amigos, todos buenas personas en mayor o menor medida. David, un homosexual ocurrente, Carmen, que es estudiosa y analítica, Silvia, extremadamente nerviosa y extremadamente sincera. ¿Quién más? Patricia, católica fanática y Sergio, que casi no habla y que tiene una envidiable hablididad para conquistar mujeres. Olvidaba a Bárbara, la mujer que me gusta. Sencilla, hermosa, atea y misteriosa. La conozco desde que estudio primer año de derecho. Me gusta muchísimo. Nunca tuve el valor de decírselo hasta hoy. La besé, incluso.